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domingo, 10 de agosto de 2014

Kevin Love y el destino de dos franquicias

El secreto a voces, la operación de estío más rumoreada, el traspaso pergeñado para crear la nueva gran potencia de la Conferencia Este. El 23 de agosto Kevin Love abandonará los Minnesota Timberwolves para embarcarse en su nueva cruzada al este del país, uniéndose a los Cleveland Cavaliers de LeBron James en la búsqueda del primer anillo para los de Ohio. Andrew Wiggins y Anthony Bennet harán el viaje en sentido contrario, uniéndose a la franquicia de la ciudad de los lagos en lo que se presume será un proceso de reconstrucción a largo plazo.

En este artículo haremos un breve análisis de las implicaciones del traspaso tanto para los jugadores inmiscuidos como para las dos franquicias, así como opiniones sobre su futuro y los resultados que están por venir en esta 2014-2015 y más allá. Animamos a dejar comentarios y debatir sobre la posibilidad de que los Cavaliers se conviertan en la nueva "Powerhouse" de la Conferencia Este y quién sabe si de la NBA.


LOS JUGADORES:


El protagonista principal del movimiento es, sin lugar a dudas, Kevin Love. El ala-pívot californiano cambiará Minnesota por Cleveland y la zona media baja del Oeste por uno de los tres primeros puestos cerca del Atlántico. El ex de los UCLA Bruins ha disputado seis temporadas con los lobos, y a sus casi 26 años se le presenta una oportunidad única para abrir una ventana hacia su ansiado campeonato que se prolongue al menos durante dos años (el tiempo que LeBron estará ahí con seguridad pese a sus declaraciones de fidelidad eterna). Aliado con "El Elegido", Kyrie Irving y una serie de jugadores de ciertas garantías como escuderos Cleveland tiene una de las mejores plantillas del Este, donde, y esto es a juicio del escritor, solo Bulls y quizás Hornets o Heat pueden hacerles sombra.

Acusado en muchas ocasiones de ser simplemente un "stat padder" o "hinchaestadísticas" pero sin aportar nada al juego de su equipo, no se le puede reprochar a Love el haber ido mejorando cada año y añadiendo a su gran capacidad reboteadora y habilidad en ataque un tiro de tres certero. Prueba de ello es que en sus cuatro primeras campañas (en la quinta solo disputó 18 partidos) lanzó 618 triples (282 en la 2011-2012) mientras que en esta última anotó 190 de 505, poniendo su porcentaje en un respetable 37%, más aún con el volumen de lanzamientos que realiza. También ha conseguido mantenerse por encima de 10 rebotes cada campaña, en la 2011-2012 15 de media y el último año 12,5, y anotar más de 20 puntos por encuentro en tres de las últimas cuatro. Esta 2013-2014 concluyó con 26 puntos, 4,4 asistencias y los ya mencionados 12,5 rebotes, de los cuales 3 fueron en ataque. Líder indiscutible de los Timberwolves y pieza vital en sus esquemas, sin embargo no ha sido capaz de dar un paso al frente en defensa y por ahí, junto con Pekovic, los antaño entrenados por Rick Adelman han sufrido mucho.

Su alianza con LeBron debería ser fructífera, puesto que "El Rey" adora a los pívots con buen lanzamiento exterior que le permiten abrir la zona y entrar como una exhalación para hundir el balón en el aro o doblarlo a una esquina para un tiro cómodo. En este sentido apreciar la evolución de Chris Bosh podría proporcionarnos un marco para entender el papel de un Kevin Love que, sin embargo, probablemente asuma más galones que el texano en el ataque. Para él es un movimiento magnífico, puesto que aunque renuncie a algo de lustre individual se acerca al título y probablemente pueda seguir entrando en el All-Star con asiduidad dados los innegablemente buenos números que va a hacer.



El segundo en discordia ha sido Andrew Wiggins, uno de los "prospects" más seguidos de los últimos tiempos y que, tras muchas declaraciones de amor, ha acabado siendo incluido en el traspaso que garantiza más potencia de fuego a la franquicia de Ohio. Embarcado rumbo a Minnesota junto con su compatriota y también número 1 del Draft Anthony Bennett, el alero puede ganar mucho más de lo que en apariencia pierde, al menos en el aspecto de éxito colectivo, al marcharse de Cleveland.

En la ciudad de los lagos se encontrará a una franquicia que solo cuenta con dos nombres que podrían acercarse a estrellas de segunda o tercera línea en la NBA: Ricky Rubio y Nikola Pekovic, y ambos necesitarían mejorar respectivamente su tiro y su defensa para lograrlo. Tras ellos una colección de jugadores, alguno de ellos como Dieng y Lavine con lo que parece un buen futuro por delante, y una idea de reconstrucción que no termina de cristalizar.

Nadie sabe hacia dónde enfocará la temporada Minnesota, pero sí que Wiggins va a gozar de un papel protagonista, disputando muchos minutos de titular y creciendo poco a poco junto al resto de la manada. La presencia del base español puede hacerle mucho bien (dándole canastas fáciles u ocasiones cerca del aro para demostrar sus cualidades atléticas) o mal, si se acostumbra a recibir la pelota en ocasión franca de anotar y no trabaja para mejorar su creación de tiro. Sea como fuere Wiggins tiene ahora la tarea de ser la cara visible del equipo al que entrena Flip Saunders.

Por último Bennett, el último "maldito" de los número 1 del Draft. Tras un inicio de temporada horrible y una leve mejoría a medida que esta iba progresando deberá demostrar que puede ser el mejor de lo que hasta ahora apunta a una clase de Draft muy débil, y redimirse lejos de los focos que brillarán en Ohio. En forma y con más confianza que el año pasado no hay que descartar que el canadiense dé la sorpresa.


LAS FRANQUICIAS:


Campeonato, campeonato, campeonato. Como las trompetas del Juicio Final estas palabras retumban por entre los muros del Quicken Loans Arena desde que James anunció que regresaba a casa para volver a vestir el "23" que llevó desde 2003 hasta 2010, cuando se dirigió a Miami junto a Bosh y Wade para ganar dos anillos en cuatro presencias en las Finales. Añadir a Love, aún al coste de perder al deseadísimo número 1 del Draft, no hace más que añadir consistencia a unos cimientos sólidos y ayuda a uno de los dos mejores jugadores de la NBA para conseguir el ansiado título.

Cleveland se ha embarcado en su Ilíada particular, buscando derruir los muros de la Troya que en el último año alzaron los Spurs sobre los sólidos cimientos de su filosofía, trayendo de nuevo a Aquiles al combate y juntándole con los más diestros guerreros de toda la Hélade. Pero no caben diez años de luchas frente a las murallas ni cargas repelidas por la fiereza de los defensores del último bastión que queda por conquistar. Esto es una incursión veloz, una razzia hacia un objetivo señalado por la franquicia desde que LeBron fue elegido hace once años. Todo lo que no sea un anillo es un fracaso, y si las ventanas se abren deprisa en el siempre cambiante maremágnum de la NBA, no tardan en cerrarse, y la competencia es feroz. Love representa la gran ayuda que siempre solicitó James en su primera etapa, y eleva inmediatamente a los Cavs al cuarteto o quinteto de favoritos al título. Cleveland se ha jugado todo a una mano...pero es una muy buena mano.



Y los Timberwolves quizás respiren ahora aliviados. Tener a Love los forzaba a hacer traspasos, cargarse con contratos y ajustar esquemas para satisfacer las, en buena medida lógicas, pretensiones de su jugador estrella. Ahora, sin la presión de la victoria, pueden desplegar sus opciones y elegir la que más les convenga, aunque a juicio del escritor la más deseable es el sendero de la reconstrucción sustentado en varios pilares que se presumirán sólidos: Rubio, Dieng, Lavine, Bennett y, sobre todo, Andrew Wiggins. Arropar y hacer crecer al número 1 debe ser uno de los grandes objetivos de los lobos, puesto que tal y como la disparidad de oportunidades y la disponibilidad de recursos puede marcar el diferente camino de personas con los mismos recursos cognitivos, así mismo un jugador se ve afectado por el entorno, sus minutos de juego, los sistemas y el ambiente de desarrollo de sus innegables capacidades.

Con un Wiggins pletórico y en progresión y un grupo de jugadores jóvenes ayudándole, el futuro de los Wolves, sumado a unas cuantas rondas de Draft, puede ser brillante. Elegir seguir siendo "competitivo" parece arriesgado y un probable estancamiento en el temido "camino de la mediocridad", pero si Wiggins y LaVine (en menor medida Bennett) dan prueba de que pueden llegar a los Playoffs y aún seguir creciendo, ¿por qué no intentarlo? En cualquier caso, y de nuevo a mi juicio, lo más lógico sería jugar a ser conservadores y confiar en que con dos años más la Diosa Fortuna haga girar su rueda de nuevo en Minneapolis y un equipo veloz, joven y triunfador se alce sobre las ruinas y cimientos que hoy quedan.

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