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martes, 26 de julio de 2016

Asamblea ACB: ya no engañan a nadie

Que la ACB es una liga en franca decadencia, es un pensamiento que está en boca de todos los aficionados al baloncesto en este país, quizás por eso, porque desde la misma patronal lo saben, la última Asamblea de clubes de la ACB no fue más que el reflejo que quien se ve atado de pies y manos para elevar el nivel de una liga que pierde con cada decisión que se toma la categoría de segunda mejor liga del mundo a cada paso que da la Asamblea.

La última asamblea de clubes. Foto ACB.
Hace tiempo que la liga carece de interés en la parte de abajo, ya que ni sube ni baja nadie. Para solucionar este problema  la ACB informa en el último comunicado que permite a Francisco Roca seguir con la negociación, que existe desde hace tiempo, y de la que se informa ahora a los clubes,  entre la ACB, la FEB y el CSD para llegar a un acuerdo en materia de ascensos y descensos. Hace tiempo que el CSD y la FEB quieren poner sus manos en la ACB, pero siempre se han encontrado con un colectivo inmovilista que, incluso bajo una resolución contraria al Canon por parte de la Comisión de Competencia, se ha mostrado dispuesta a no hacer caso de propios y extraños. Algo correcto, porque, como identidad independiente, sería muy negativo que políticos, burócratas y chupatintas pongan sus manos en una entidad privada, sin embargo, la competición sufre de este inmovilismo porque, por encima de dotar de estabilidad a clubes que inician un proyecto en ACB, lo que hacen es quedarse con el importante económico de lo aportado, despreciando la capacidad deportiva del club que sube, es decir, con el canon de ascenso se pueden fichar muy buenos jugadores, pero los amos de los clubes se quedan con el mayor importe de lo presupuestado en su propio beneficio y no en el de la competición.

La salida de escena de GBC no es más que el reflejo de lo que es la ACB, y que no se trata de que no haya presupuesto, sino de que no hay interés. En la temporada pasada las gradas vacías del Donostia Arena se han ido haciendo cada vez más numerosas. ¿Había interés hacia un equipo que, aun sabiendo que no tenia nivel por estar en la competición, se sabía que no descendería? La respuesta es evidente. Demasiado evidente para la misma patronal que tomó la renuncia de Guipúzcoa como algo esporádico, cuando no es más que el reflejo de lo que está sucediendo. ¿Sevilla, Bilbao, Joventut podrían seguir su mismo camino? Equipos con problemas presupuestarios en una competición anodina, que no tienen necesidad de supeditar sus presupuestos al interés deportivo… pero, ojo, que las gradas del Joventut, en otros tiempos llenas hasta la bandera, cada vez están más vacías.

Frente a este problema, la solución de la ACB es seguir negociando con la FEB y el CDS como forma de ir apagando los fuegos que vayan surgiendo, y como lavado de cara que satisfaga a estas instituciones estatales, que no lo hacen por el baloncesto sino por intereses partidistas, ya que de otra forma, en el caso de la FEB y del mismo CSD, la LEB sería una liga distinta. Pero, para solución, la ACB ofrece la plaza del GBC al Melilla.  Menos mal que en Melilla no son tontos y ante este ofrecimiento han hecho públicas las condiciones draconianas e imposibles de afrontar para que no se vea que no depende de ellos, sino que depende de que la ACB no quiere. Porque en el fondo le vale lo que hay, mientras sus presupuestos dependan de las subvenciones o del dinero de clubes de futbol muy poderosos. Bien por Melilla, pero no era necesario. Todos sabemos de qué pie cojea la ACB… del mismo a donde van todas la balas que se disparan voluntariamente en el pie.

Desafortunadamente la NBA se lleva a nuestras estrellas y a los aficionados nos queda ese mal sabor de boca que supone no poder verlas en directo en una competición de calidad, pero, para a la ACB, el sabor es dulce. Sin estrellas, ni aquí, ni en otras ligas, la cuestión se equipara, y la ACB seguirá siendo la segunda mejor liga del mundo porque lo que queda en otros paises no es mejor que lo que hay aquí.

La ACB siempre ha tenido un gran enemigo en los intereses creados de los grandes clubes, y, al igual que la ACB, también sufrió este mal la NBA en los años 70, pero los americanos sí supieron poner coto a los intereses particulares en beneficio del conjunto para mejorar la competición, poniéndose todos de acuerdo e instaurando el DRAFT, con el objetivo de que los equipos se igualaran y que las expectativas de las franquicias por ganar un campeonato nunca decrecieran, sin embargo, esto es imposible para ACB, tanto en la posibilidad de que asciendan o desciendan equipos, como en la posibilidad de repartir los ingresos del contrato de Movistar+ de forma inversa, es decir, favoreciendo más a los equipos menos fuertes, como forma de igualar la competición. Porque, en el fondo, la ACB se muestra como un sujeto con el síndrome de Ganser cuando debe dar con la solución a los males endémicos que la envuelven,  ya que las respuestas que da son  llamativas, aproximadas, sin sentido y evidentemente erróneas. 

Guipúzcoa, Palencia y Melilla han sido los primeros que se han desentendido de esta farsa, pero habrá más

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